
Ultimas noticias sobre la cama
¿Será producto de las sincronicidades de la vida cotidiana o mera conjunción del azar, lo que hace posible que en una semana aparezcan noticias sobre un tema tan poco noticioso como una cama, desde diferentes partes del planeta?
Como no hay nadie que pueda responder semejante enigma, cabe detenerse con cuidado en cada una de las sorpresas que depara ese lugar sagrado para los seres humanos desde tiempos inmemoriales.
Una de las curiosidades ocurrió en Tel Aviv y hace estallar en mil pedazos un mito largamente amasado por el cine, la literatura y la cultura popular: los colchones son más seguros que los bancos para proteger los ahorros de una vida o el botín de una jugosa mordida.
Una mujer, Anat, quiso retribuirle a su madre una larga sucesión de esfuerzos por educarla. Y le compró un colchón nuevo, sin decirle nada, para sorprenderla. En un descuido de la señora, la hija sacó el viejo pedazo de telas y resortes de la casa y lo sustituyó por el nuevo, como si los ángeles le hubieran hecho un cariñito a su vejez.
En los guiones que escribió el irónico Rafael Azcona (fallecido el año pasado), para realizadores como Marco Ferreri, Carlos Saura y Luis García Berlanga, el absurdo siempre irrumpía en la vida cotidiana de la gente cuando menos lo esperaban.
La vida de Anat y su madre se convirtió en un peregrinaje por los vertederos de basura en busca de una ilusión: el colchón viejo, en donde la señora había guardado un millón de dólares, los ahorros de una vida. Un bromista acotó que ese dinero ya estaba en el Mar Muerto, ya que el basurero de Efeh se encuentra muy cerca de esas aguas.
A los españoles la noticia les ha resultado graciosa porque en estos días dejaron caer su atención sobre el pueblo de Alcaucin, cerca de la ciudad mediterránea de Málaga, muy acontecido con el encarcelamiento de su alcalde, Juan Manuel Martín.
Efectivos de la guardia Civil apenas tardaron dos horas en encontrar 160 mil euros en el colchón de este funcionario que ha exigido respeto a quienes gritaban “a la cárcel los corruptos’’. Su confesión lo libra de toda culpa: esos eran los ahorros de una vida pública. Martín llevaba veinte años a la cabeza de ese municipio.
Los usos de la horizontalidad generaron controversia desde tiempos bien remotos. Ya en 1783 el monumental estudio de Wright sobre las camas en Occidente refiere la perniciosa costumbre de que el hombre y la mujer puerqueen juntos, continuamente, entre las mismas sábanas, 365 días al año. Guao.
Pero lo curioso es que uno de los puritanos que defendía las buenas costumbres, el doctor Graham, creó una celestial, que se exhibió en 1778. Estaba muy bien equipada, según refiere Anthony Burguess en su libro Todo sobre la cama.
La de Graham tenía “seiscientos kilos de imanes artificiales’’ que renovaban el vigor sexual menguante y proporcionaban a la cama “ese movimiento dulce, ondulante, cosquilleante, vibratorio, que enternece el alma y acaricia el cuerpo’’. Costaba cincuenta libras renovar las fuerzas invertidas en el amor.
Burguess lo dice con estas palabras: “Despertar es una cosa, salir de la cama otra muy distinta’’. Curioso habitat el del colchón, como resguardo de tesoros acumulados a lo largo de una vida; testigo privilegiado de la gimnasia sexual; espacio ideal para la solitaria recuperación de la potencia exigida.
Así lo entendió el cineasta colombiano Diego García Moreno, quien no encontró mejor metáfora para retratar a su país en el documental Colombia horizontal que a través de la cama, la hamaca y el chinchorro, donde pasan todas las cosas importantes de la vida.
Algunas de ellas muy curiosas, como lo acaba de certificar el escritor condenado a muerte por la camorra napolitana, Roberto Saviano, en un texto que le ha dado la vuelta al mundo muy rápido: “Nunca debajo de una mujer’’.
Ya lo había referido en su best seller Gomorra. En la cama también se libra una batalla por la posesión, por el gobierno, por la pertenencia, por la jerarquía, por el poder y el control territorial. “Estar debajo de una mujer es elegir el sometimiento en la vida de todos los días’’. Habría que ver.
Ya lo dijo el bueno de Freud: lo que hacemos con el sexo y el dinero dicen cosas profundas de todos nosotros. Y eso que no conoció a Anat, a su mamá, al alcalde de Alcaucin y mucho menos a la mafia napolitana.









